La Republica Dominicana es un país de gente alegre, pues se busca cualquier motivo para celebrar, ya sean las Fiestas Navideñas, El Carnaval o La Semana Santa, pero cada cuatro años llega la supuesta fiesta de la democracia dominicana.
Cada cuatro años los candidatos se desplazan hacia los diferentes pueblos, dando besos y abrazos, cargando niños, repartiendo dinero, canastillas, bicicletas, hojas de zinc, útiles escolares, cerdos y claro, las famosas funditas. Las calles se llenan de basura y de alcohol.
También cada cuatrienio vuelven las mismas promesas incumplidas, el “quítate tú para ponerme yo, pues tú no has hecho nada y yo lo hare mejor”, y ni hablar de la cantidad de publicidad existente en los diferentes medios de comunicación.
Qué fácil es engañar en tiempo de elecciones y es que para ganar el voto los políticos hacen hasta lo imposible y cuando terminan las elecciones se vuelve a lo de todos los días: las calles llenas de hoyos, las aceras levantadas, la basura esparcida en cada esquina, los combustibles en ascenso y la energía eléctrica desaparecida. Solo nos queda esperar otros cuatro años más a que lleguen las elecciones de mayo y nos arreglen algún fragmento de ciudad. Esto demuestra “que una cosa dice el candidato y otra hace el presidente”

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