Denys Tineo Vargas, licenciada en letras de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, abre las puertas de su hogar y de su corazón con una gran sonrisa y la amabilidad que la caracteriza.
Un lugar muy acogedor lleno de velas, flores con eso toque de elegancia y tranquilidad a la vez.
Sentada en su sofá crema, con sus largas y delgadas piernas cruzadas, ubicada en el lado izquierdo del sofá empieza a contar la historia de su vida. Narrar todos los peldaños que tuvo que subir para alcanzar el éxito en su profesión y en su vida.
Luego sonríe y dice: “si mis hijos supieran cuantas noches no dormí pensando en qué comeríamos al día siguiente”.
Preocupada por el giro que ha dado la sociedad, de repente se levanta y camina hacia la puerta situada al fondo de un largo pasillo relatando aquellos días en sus inicios en el magisterio, diciendo como los maestros hacían el papel de segundos padre, educando y formando esos pequeños y desprotegidos niños del sector público.
Mientras su voluminoso y rojizo pelo se mueve como si tuviera vida propia, ella se traslada a su jardín, a través de una amplia puerta trasera. Mientras transita este jardín lleno de una gran variedad de arboles y flores de vivos colores, expresa: “Los niños son una página en blanco que no todo el mundo debe escribir”, refiriéndose al cuidado que deben tener los educadores al momento de repartir el pan de la enseñanza.
Al instante en que continua caminado en el jardín toca algunas de sus flores y cuenta con gran alegría como le canta y le habla a sus “pequeñas amigas” como ella le llama a sus plantas.
Finalmente en medio de ese encuentro con la naturaleza pronuncia la gran satisfacción que siente de ser mujer, madre, hija, hermana, amiga, esposa y maestra.
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